Dolor crónico 2: vivir con ello

Hace unos días, en mi primer post sobre dolor crónico, os contaba desde cuándo lo sufro y porqué me apareció. Hoy,  vengo a contaros cómo he aprendido a vivir con él y sobre todo, qué estoy haciendo para mejorar esta patología.

La idea, a través de este tipo de artículos es poder daros una visión optimista tanto de la vida como de mis dolencias y quizás hasta os ayudo de algún modo a vosotros, quién sabe.  

Es importante recordaros que yo hablo desde mi propia experiencia. No significa que todo aquello que yo haga o diga sea mejor ni peor, simplemente que a mí me funciona y por eso, lo comparto con vosotras. ¡Bueno, vamos al lío!

Cómo he aprendido a vivir con tanto dolor

Lo primero que hay que hacer es escucharnos a nosotros mismos, aprender a percibir todo aquello que nuestro cuerpo nos está comunicando. Debemos averiguar cuál es nuestro problema y si existe solución o no.  Si existe, vamos a por ella, si no es así, aprendamos a vivir con dicho problema.

En mi caso hablo del dolor, a veces llevadero y otras insoportable. Desde que escribí el otro artículo, he recibido muchísimos mensajes de gente que se ha sentido identificado por lo que el dolor crónico está más a la orden del día de lo que pensamos.

Lo primero que hice tras probar mil tratamientos y ver que no funcionaban fue asumir que el dolor no iba a desaparecer por completo. ¡Había que aprender a vivir con él!

Lo segundo fue analizar las cosas, causas o razones que me lo provocaban. ¿Cuándo siento más dolor? Y prestándole atención me di cuenta que, cuando pasaba largos periodos sentada, la cadera me dolía muchísimo. Cuando tenía que ir a cubrir un evento (me dedico al marketing y a la comunicación) al estar de pie, me dolía también. 
Y aquí vino un momento de crisis. Si no puedo estar ni de pie ni sentada, ¿cómo trabajo?

Al principio me mandaron reposo y resulta que eso también me causaba dolor por inactividad muscular. 

Y tras unos meses asumiendo y medio depresiva me di cuenta que tenía que tomar decisiones porque así no podía seguir. Que el mundo no se acababa y que era el momento de cambiar hábitos. Tenía que buscar la manera de controlar yo al dolor y que no fue él quién me dominara a mí. 

¿Qué cambios hecho en mi vida a causa del dolor?

Lo primero fue admitir que no podía trabajar como lo estaba haciendo hasta ahora así que, tras un año y algo de baja acabé en la agencia en la que estaba. Del ámbito laboral podemos hacer un post entero, jajaja.

Desde hace unos años, los traumatólogos me decían que debía fortalecer para proteger la columna ya que hay vértebras que las tengo muy degeneradas. Pero a su vez, me decían que peso no cogiera así que, me estaban volviendo loca. Al gimnasio que me fui a probar y meeec, error. Muchas contracturas y muchas noches sin dormir por el dolor. ¡Era peor el remedio que la enfermedad!

Volví al reposo pero no muy conforme, seguí buscando información al respecto. Conocí a Jose y al fantástico mundo de las agujas. El primer día fui acojonada pero ahora, entro por la puerta pidiendo pinchazos. Más allá de masajes de descarga y punción seca, me hacía electroacupuntura que junto con la medicación conseguimos estabilizar el dolor.

Y por último, gracias a las infiltraciones de cadera y columna, me animé a volver a probar el deporte. Pero esta vez diferente, era consciente que, por mucho dinero que me costara, necesitaba ayuda de profesionales así que, acudí a un hospital referente en traumatología y rehabilitación. Y la verdad que fue un acierto. Voy un par de veces a la semana, empezamos sin peso y con ejercicios simples. Ahora lo doy todo cada vez que voy. ¿Sabéis dónde estaba el truco?

En que, después de cada sesión, para relajar los músculos me hacen distintos tratamientos, ya sea masaje, punción seca, indiba, etc.  De este modo, vamos trabajando el músculo pero sin sobrecargarlo ni lesionarme. ¡Hasta he dejado la morfina! Aunque no es oro todo lo que reluce ¿eh? Que la semana pasada estuve dos días en cama porque no podía con mi alma.

La alimentación ha jugado otro papel importante en todos estos cambios y sobre todo mi mente. Ahora vivo por y para mi cuerpo. Si tengo que hacer las cosas de manera diferente o más pausadas, no pasa nada. Antes trabajaba sin parar pero no apreciaba el mundo ni disfrutaba del tiempo libre, ahora lo hago al revés y de verdad que, si aprendes a hacerlo bien, no está nada mal la situación.

Cuando tengo que redactar algún artículo de investigación o tengo que estudiar, trato de alternar posturas, de estirar entre medias y de hacerlo en periodos cortos de tiempo. Cuando me quedo con mi sobrina, pues intento inventarme juegos en los que no tenga que cargarla en brazos ya que mi esplada moriría. Antes era muy de ir andando a los sitios, ahora cojo el autobus que encima es eléctrico.

Ah y otro cambio importante es no colapsar la agenda. Yo no planifico, voy sobre la marcha. Si hoy me encuentro bien, hago todo lo que puedo. Si me duele, pues probablemente mi plan sea más de sofá y netflix o tumbada en la cama con el portátil.

¡Solo es cambiar la mente y el modus operandi!  

Y una cosa os digo, no hace falta sufrir dolor para hacer estos cambios. Así que, desde hoy, escucha más a tu cuerpo y haz los cambios pertinentes para quererlo más a él y por consecuencia a tí. ¡A buscar la felicidad señores!

7 comentarios en «Dolor crónico 2: vivir con ello»

  1. Me ha encantado leerte, cuanta razón tienen tus palabras, me alegro un montón que hayas hecho este cambio y que te encuentres mucho mejor . Cojo tus consejos, aunque intento hacer todo lo que dices, a disfrutar de la vida sobre la marcha. Un besazo guapa y esperando el siguiente post, o como se diga que no estoy muy puesta en estas cosas . 😚😚😚😚

  2. La experiencia personal es lo que más vale. Eres el fiel reflejo de lo que es la vida, idas y venidas, y por supuesto un ejemplo de superación.
    Muchas veces queremos abarcar demasiado y eso nos termina destruyendo. Como dices tenemos que aprender a escuchar a nuestro cuerpo y desde luego que el ejercicio, la alimentación y la gestión de las emociones son claves en el proceso del autoconocimiento y la mejoría.
    Como a ti, a mi el deporte también me ayudo a superar una época mala de mi vida y mejorar la alimentación lo fue todo para sentirme mejor física y anímicamente.
    Como dietista y futura PNI, el impacto de lo que comemos en nuestro cuerpo y nuestras emociones es brutal y desde luego hace magia con las enfermedades y patologías. Existen muchos casos donde una dieta acorde a nosotros hace que mejoremos o incluso revirtamos una enfermedad. Cada vez salen mas estudios donde dietas que eliminan el gluten, cetogenicas o paleo entre otras muchas, ayudan a personas con TDAH, epilepsia, dolores crónicos, cáncer, diabetes… todavía queda mucho por descubrir pero estamos en el camino correcto.
    Mucho animo y gracias por darnos un trocito de ti!

    1. ¡Wooow! Cuánto tengo que aprender todavía. ¡Pero cuánta razón tienes!
      Gracias por enseñarme todo lo que sabes. Poquito a poco nos haremos con estos dolores y con mis movidas con la comida.
      Es un camino largo pero bonito.
      ¡Gracias!

  3. Hola Eme, lo primero de todo decirte que te admiro como mujer y guerrera pacífica. Yo estuve dos años con la parte izquierda de mi cuerpo totalmente doblada, un trastorno muscular apareció en mi Vida llamado distonía y esa enfermedad me enseño a vivir con dolor, que es inevitable pero el sufrimiento siempre es opcional. Desde mi experiencia la primera lección como dices fue escucharme, escuchar a mi cuerpo y darle lo que pedía, ya que por falta de escucha mi cuerpo acabó gritando. Lo segundo fue no quedarme inmóvil en el sofá como algunas personas me recomendaban, me iba sintiendo y gracias al yoga, meditación y surf mi dolor se convirtió en un buen aliado para amarme mejor y cuidarme mucho. Qué te voy a contar a ti….Bueno aquí seguimos dando guerra y nos vemos prontito en el agua. Un abrazo bella💜🤙🏼💪🏼🙏🏿

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