Turismo accesible Gijón es el post número dos pero si llegaste aquí directamente, te recomiendo empezar por el principio 👉 Día 1 en Gijón accesible. Pero si ya lo leíste, sabes que el primer día me dejó con las pilas cargadas y con ganas de más. Así que vamos a por el segundo.
Tabla de contenidos sobre Turismo accesible Gijón:
Jardín Botánico Atlántico, mucho más que un jardín

A las 10 de la mañana ya estábamos en el Jardín Botánico Atlántico — que queda a solo dos kilómetros del centro, por si alguien pensaba que iba a ser un madrugón innecesario. Y lo primero que me sorprendió fue lo accesible que es. Caminos sin escalones, itinerarios adaptados para movilidad reducida, sillas de ruedas disponibles para quien las necesite y hasta plazas de aparcamiento reservadas.
Pero vamos a lo importante: el sitio es una pasada. Mi consejo es que cojáis una visita guiada — son totalmente gratuitas y los guías son una verdadera pasada. No te dan un recorrido estándar, te meten de lleno en la naturaleza: te hacen tocar las plantas, oler las hojas, distinguir texturas que nunca habrías notado solo paseando. Te cuentan detalles que no encontrarás en ningún cartel y lo hacen con tanta pasión que acabas enamorándote de la botánica sin haberlo planeado. Yo que iba pensando que un jardín botánico era «bonito pero tranquilo» salí con la cabeza llena de curiosidades y con ganas de volver.
Aquí tenéis toda la información sobre los tipos de visitas y los horarios.
Eso sí, ojo con lo que tocáis — y lo digo en serio. Algunas plantas y frutos son venenosos, y el guía nos contó que antiguamente algunas personas habían usado estas plantas para acabar con su vida. La naturaleza tiene esa dualidad que a veces se nos olvida. Nada que quite las ganas de ir, pero sí que te hace mirar las plantas con otros ojos.
Había muchísimas familias con niños y carritos — y se entiende perfectamente, porque es comodísimo pasear y tiene zona infantil. Yo me sentí como si estuviera en los jardines de Bridgerton, con menos corsé y más deportivas. Si vais con niños, con silla de ruedas o simplemente con ganas de desconectar del asfalto, es parada obligatoria.

¡Vamos al lío que me enrollo!
El jardín está dividido en cuatro grandes zonas y cada una tiene su rollo. Lo que más me sorprendió es que, sin salir de Gijón, sientes que estás dando la vuelta al mundo.
El Entorno Cantábrico es donde están los robles centenarios del bosque del Tragamón. Hay más de 61 robles con más de 300 años y 19 que ya superan los 400. El más viejo tiene más de 450 años — ese árbol ya estaba ahí cuando Colón llegó a América. Dicen que tocarlo recarga la energía. No sé si es verdad, pero yo lo hice igualmente. Por si acaso.
La Factoría Vegetal es la zona más didáctica: plantas comestibles, frutales del Viejo y del Nuevo Mundo separados por un arroyo que simboliza el Atlántico, un hotel para insectos y una colmena con paredes de cristal donde puedes ver a las abejas trabajando en tiempo real. Fascinante y un pelín inquietante a la vez.
El Jardín de la Isla es donde me quedé más tiempo. Tiene una magia especial: estanques, arbustos japoneses y esa atmósfera romántica que te transporta a otro siglo. Yo me sentí como en los jardines de Bridgerton, con menos corsé y más deportivas.
El Itinerario Atlántico te lleva por los bosques boreales de Europa y América del Norte — abetos, pinos, abedules — todo sin salir de Gijón. De repente estás entre árboles enormes y el silencio es tan intenso que casi parece que estás en mitad de un bosque canadiense. Muy recomendable para los que necesitáis desconectar de verdad.






El Jardín Botánico Atlántico con niños: una aventura de verdad
Si pensáis que un jardín botánico es aburrido para los peques, os voy a cambiar la opinión ahora mismo.
Los guías convierten la visita en un juego desde el minuto uno: retos, preguntas, pistas para encontrar la cascada escondida, misiones para localizar la serpiente que hay camuflada entre las plantas… Los niños van con los ojos como platos todo el rato. Y los adultos también, que no os voy a engañar.
Hay laberinto de laurel para perderse y encontrar la salida, parque infantil para los más pequeños, zonas de picnic para comer entre árboles centenarios y una colmena de cristal donde ver a las abejas en acción. Vamos, que el plan se aguanta solo.
Y hay más: el jardín organiza excursiones para colegios y campamentos de verano, tanto para niños con discapacidad como sin ella. Tienen programas adaptados para que todos puedan participar, aprender y pasarlo bien por igual. Exactamente como tiene que ser.
👉 Toda la información sobre actividades y visitas para grupos aquí
Lo bueno es que el Jardín Botánico y la Ciudad Laboral están literalmente una al lado de la otra, así que en una mañana te haces las dos sin problema. Nosotras salimos del botánico y en cinco minutos ya estábamos delante de uno de los edificios que más me ha impactado en mucho tiempo.
Si te está bustando este post sobre Turismo accesible Gijón me encantaría leerte en comentarios. Significaría mucho para mí.
Ciudad Laboral, el edificio civil más grande de España

Salimos del botánico y en cinco minutos estábamos delante de la Ciudad Laboral de Gijón. Y cuando te dicen que es el edificio civil más grande de España, piensas que exageran. Hasta que lo tienes delante. Entonces entiendes que se quedaron cortos.
130.000 metros cuadrados. Para que os hagáis una idea: el Escorial tiene 33.000. La Alhambra, 61.000. La Laboral los dobla a los dos. Es una barbaridad.
La visita es guiada, completamente accesible y dura aproximadamente una hora. Lo primero que te deja sin palabras es la plaza. Nada más verla pensé en Italia, y no iba desencaminada: la guía nos contó que está inspirada en la Plaza de San Marcos de Venecia. ¡Punto para mí!

A la izquierda de la foto, aunque no se ve del todo tenemos el teatro. Aunque ese día no pudimos entrar — y me quedé con las ganas porque fue el primer teatro climatizado de toda Europa y sus butacas originales eran reclinables y forradas en piel de cabra, que tampoco está mal — la fachada ya merece parada obligatoria. Está inspirada en el Partenón y custodiada por las estatuas de seis grandes escritores españoles: Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Calderón de la Barca, Tirso de Molina y Moratín. Aquí la periodista friqui y profe de Literatura que llevo dentro — aunque no ejerza — se puso muy contenta. Todos ahí, en fila, mirándonos desde arriba.


Y entonces llegas a la iglesia que está al fondo de la plaza. O bueno, lo que fue la iglesia, porque hoy ya no es un templo religioso sino un espacio para exposiciones. Pero cuando entras, el impacto es el mismo. Estamos hablando de la iglesia de planta elíptica más grande del mundo — 807 metros cuadrados, una cúpula que pesa más de 2.300 toneladas y 450.000 ladrillos para construirla. La fachada tiene esculturas de la Virgen de Covadonga, el Apóstol Santiago y mosaicos de arcángeles que te dejan con la boca abierta antes incluso de entrar.
Entras y no sabes dónde mirar primero. Yo tardé un buen rato en procesar lo que estaba viendo. De esas veces que te quedas parada en medio de un sitio y simplemente miras hacia arriba. La cúpla me tuvo un rato concentrada y eso ese raro en mí!


Pero lo que más me impactó fue entender cómo vivían los estudiantes aquí dentro. Porque esto no era un colegio, era literalmente una ciudad. La guía nos llevó por las antiguas cocinas y la lavandería — y cuando digo cocinas no me refiero a una cocina normal, me refiero a unas instalaciones industriales capaces de dar de comer a más de mil personas al día. Verlo en persona es flipante. Te imaginas el trajín, el ruido, el olor… toda una maquinaria humana funcionando dentro de un edificio.
Los jesuitas dirigían el centro y las monjas clarisas llevaban la intendencia. Estudiantes de toda España venían aquí a formarse — torneros, soldadores, maestros industriales — y vivían, comían, rezaban y estudiaban sin salir del edificio. Una ciudad dentro de una ciudad.
Y el remate final: ascensor hasta la planta 17, a 130 metros de altura. El mirador más alto de Gijón. Desde arriba ves el Mar Cantábrico, la ciudad entera y el Jardín Botánico justo al otro lado de la carretera — el mismo que habíamos visitado por la mañana. Todo junto, todo conectado.
Ah, y un detalle que me encantó: los azulejos del interior de la torre son de Talavera de la Reina, todos pintados a mano y todos distintos entre sí. Subiendo en ascensor casi ni los ves, pero si te fijas, ahí están.
Como una imagen vale más que mil palabras, os dejo una galería de imagenes de todo lo que os he contado





¿Sabías que Turismo accesible Gijón tenía todas opciones y rutas para todos los públicos?
Comer en el Restaurante Zascandil
Después de tanta cultura, el cuerpo pedía premio. ¡Y vaya premio!
El Zascandil es el proyecto más personal del cocinero José Luis Camacho, que lleva más de 18 años cocinando en Gijón y lo tiene muy claro: producto de temporada, pescados del Cantábrico y cocina sabrosa sin florituras innecesarias. Ambiente marinero, carta de vinos con más de 60 referencias y ese trato cercano que hace que te sientas como en casa desde el primer momento.
Empezamos con los lomos de salmón — que fueron mis favoritos de todo el menú, no exagero — y un atún que no recuerdo cómo se llamaba exactamente pero que estaba para repetir. Y el pan. Mira que de normal paso del pan, pero ahí no pude parar. Estaba brutal.
El plato principal lo compartimos: un rodaballo. Y aquí el personal se lució porque me explicaron cómo cortarlo correctamente, que tiene su técnica y no es tan sencillo como parece. Y de postre, el remate perfecto: el postre ruso — bizcocho, helado de vainilla y merengue italiano que te flambean delante de la mesa. Sí, como lo lees. Un espectáculo para los ojos y para el paladar. El broche de oro de una comida que no olvidaré.
Es accesible, está en pleno centro de Gijón y tiene el sello Mesas de Asturias de calidad. Si vais, reservad. Es de esos sitios que se llenan y con razón.
El sábado también visitamos las instalaciones accesibles de la Playa de Poniente y es tan importante y tan brutal lo que están haciendo que merece un post entero para él solo. Así que lo dejo aquí como adelanto y muy pronto os cuento todo en detalle.
Playa Poniente: la playa más accesible que he visto en mi vida

Pero para que os hagáis una idea: estamos hablando de un servicio completamente gratuito que funciona todos los días de 12:00 a 20:00 desde mediados de junio hasta mediados de septiembre — y los fines de semana desde mayo. Con anfibuggys, andadores, muletas, grúa adaptada, aseos para personas ostomizadas, información en Braille, pictogramas, personal con lengua de signos… Todo para que cualquier persona con discapacidad o movilidad reducida pueda darse un baño en el mar con total libertad y autonomía.
Sin cita previa si vas solo. Con reserva para grupos llamando al 670 95 54 60 o escribiendo a playaaccesibleponiente@laproductora.com.
Es la playa más accesible que he visto en mi vida. Y eso, viniendo de mí, es mucho decir.
Volar en parapente: Turismo Accesible de Gijón


No voy a mentiros: no tenía ni idea de lo que me esperaba. Era mi primera vez en parapente y decidí hacerlo sin prótesis para estar más cómoda. ¡Y fue la mejor decisión!
Lo hicimos con Vuela Asturias, desde el Parque de la Providencia. Nieves, la piloto, me dio toda la confianza del mundo desde el primer momento. Me explicó que están acostumbrados a volar con personas con movilidad mucho más reducida que la mía y que entre todos se aseguran de que la experiencia sea segura para todo el mundo. Y así fue!
El despegue fue desde el Parque de la Providencia y volamos sobre los acantilados de la Providencia, con Gijón al fondo y el Cantábrico extendiéndose hasta donde alcanza la vista. De esas experiencias que te dejan sin palabras y con ganas de repetir inmediatamente. Aterrizamos en el mismo sitio, con una sonrisa que no me cabía en la cara. Lo que más me impresionó es que bajé las pulsaciones y sentí mucha paz.
Estaba acompañada de un amigo y el no se atrevió y luego se arrepintió. Lo digo para que no os pase lo mismo!
Si tenéis cualquier duda sobre si es posible hacerlo con una discapacidad o movilidad reducida, la respuesta es sí!
Después de volar, el cuerpo pedía descanso pero el sol de Gijón no daba tregua. Así que nos fuimos a tomar algo a la Cuesta del Cholo — que ya os conté en el día 1 que es uno de esos sitios donde el tiempo se para — con unas vistas al puerto y una sidra en la mano. El plan perfecto para final un día 10.
Y como el cuerpo ya había dado todo lo que tenía, cenamos en el hotel y a dormir.Pero esto no acaba aquí. El domingo fue el día más aventurero de los tres — motos de agua, ruta en bici adaptada y mucho más. Si quieres saber cómo me fue, te lo cuento todo en el siguiente post 👉 Turismo accesible en Gijón: Día 3
Espero que te haya gustado mi segundo día en Gijón. Si tienes cualquier pregunta sobre alguna de las actividades o necesitas más info antes de visitarla, te leo en comentarios. ¡Nos vemos en el día 3! 🙌

