Aspen vs Madrid

Digamos que este post debería haberlo escrito hace bastante tiempo, pues las fotos son de uno de mis meses favoritos, FEBRERO. Allí estábamos, dos coleguis con planes pero el temporal no nos lo ponía fácil.

– “¿Qué hacemos?”

“¡Vámonos a la sierra!” Y allí que nos fuimos sin pensárnoslo dos veces. Para muchos no fue la decisión más sensata del mundo puesto que no paraba de nevar pero decidimos dejarnos llevar.

Decidme que no hubierais arriesgado por estas vistas. Por un poquito de paz y aventura fuera de la civilización. Y es que Madrid mola, sí. Pero a veces es necesario salir de tanto caos y hablar con la naturaleza. No, no cogimos el avión y nos fuimos a Aspen. Pasamos el día por Buitrago y la sierra de Madrid pero nos supo a gloria.  Una es de costa y la nieve la ha visto en contadas ocasiones. Estaba yo ahí como una niña chica. Véase en la foto.

Jurarme por vuestras vidas que nunca perderéis el niño que lleváis dentro. Jurármelo por favor. Y jurarme también que si alguien de vuestro alrededor lo saca, no le cortéis las alas, observarlo disfrutar y si os atrevéis, uníos.

Como cada vez que nos juntamos la señorita Cuerva y yo, nos pasaron varias anécdotas. Os cuento de las mejores aunque narrado por aquí puede que no os haga tanta gracia. Llegamos a Buitrago, a la señorita, se le habían olvidado las pilar para la cámara, como no. Allí que entramos en una tienda pueblo, ella con su gorra y sus gafas de sol cual influencer. ¿Qué sorpresa se llevó? La confundieron por ciega. Sí, en cuestión de 5 segundos había adquirido una discapacidad visual. Ella, muy prudente no se atrevió a llevarle la contraria a la dependienta y asumió su ceguera.

Quisimos subir al puerto de montaña a comernos un algo calentito pero el guarda nos dijo que nos aseguraba la subido pero que no sabía si íbamos a poder bajar. Estaba empezando a nevar bastante. Así que, la extremeña se hizo caquita y nos volvimos para la capital. Yo hubiera arriesgado.

Aún así, no puedo quejarme, acabamos en ‘Gandullas’ un pueblino de no muchos habitantes.  Comimos un rico cocido madrileño en la posada ‘La Fragua’, cuyo lema es ‘sonríe, saborea y sueña’. Por cierto, la dueña es encantadora. Os lo recomiendo. Además dicen que hay unas rutas que son geniales.

¿Con todo esto qué quiero decir? Como todo cuento, este también tiene una moraleja.

Sal de la rutina de vez en cuando. Ya sea con un paseo por la playa, una locura improvisada, una visita a la montaña o el viaje más largo del mundo pero, no pienses. Vive.

Arriesga siempre que puedas. Y juega. Juega siempre. No juegues para ganar, sino para divertirte. Nunca pienses en el final. Quizás habrán partidas que acaben en ‘game over’. Quizás otras, las abandones a mitad pero ¿y el sabor de la victoria? No siempre todo sale mal.

 

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